Bitcoin: de Riqueza y Libertad a Riesgos y Dudas

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Durante un tiempo, creí que Bitcoin era mucho más que una excelente inversión: una promesa de libertad financiera; una forma de ser dueño absoluto de mi dinero, estar al margen del sistema y, de paso, lograr una rentabilidad estratosférica.

Pero siendo completamente sincero, el sueño se ha ido desvaneciendo poco a poco.

Y lo más difícil de aceptar es que esta desilusión me llega habiendo ganado un buen dinerito con mi inversión.
A pesar de eso, cada día siento que me alejo. Que el tren sigue su camino, y yo ya me bajé. Quizá demasiado pronto. O quizá justo a tiempo.

En este artículo te cuento los puntos que me han hecho cambiar de perspectiva, y que, sinceramente, creo que todo el mundo debería conocer antes de meter un € en Bitcoin:

– ¿Qué implica ser soberano sobre tu dinero?
– ¿Qué riesgos asumes si lo haces mal?
– ¿Es posible mantener la privacidad?
– ¿Qué pasará si los Gobiernos lo regulan aún más?
– ¿Y si la red Bitcoin se vuelve menos segura porque ya no hay suficientes incentivos para los mineros?
– ¿Realmente estamos usando Bitcoin… o solo apostando a que suba?

No tengo todas las respuestas. Pero he decidido ser honesto.
Y compartir las grandes dudas que me han hecho parar, pensar, y replantearme si tiene sentido seguir por el camino que imaginaba.

¿QUÉ SIGNIFICA SER DUEÑO DE MIS BITCOINS?

Una de las promesas más potentes de Bitcoin es que te permite ser 100% dueña o dueño de tu dinero.

¿Pero qué significa eso exactamente?

Que no necesitas un banco, una empresa ni un Gobierno para guardar tu dinero ni para hacer pagos a otras personas. Tú tienes el control total. No dependes de nadie más.

Con Bitcoin puedes enviar dinero como si fuera un Bizum, pero sin límites, sin intermediarios, y desde o hacia cualquier parte del mundo. Puedes enviar 1 euro o 100.000€, en cualquier momento, incluso un domingo por la noche, sin pedir permiso a nadie. Y además, pagando comisiones muy bajas.

los grandes riesgos de bitcoin
Los grandes riesgo de bitcoin

Esto es posible gracias a algo llamado wallet, que funciona como una billetera digital donde se guardan unas claves privadas, como si fuera una contraseña, que te dan acceso a tus bitcoin.

Si tú la tienes, puedes mover tu dinero, pero si alguien más las consigue, también puede hacerlo.

Mi duda o crítica:

Custodiar mis propios bitcoins significa que soy responsable de esas claves. Si las pierdo, lo pierdo todo. Y si me las roban, nadie puede ayudarme. No hay teléfono de soporte. No hay botón de “recuperar la contraseña”.

Es una gran responsabilidad. Para algunas personas, esto se siente como libertad. Para muchas otras, como un peso innecesario.

Dudo mucho que millones de personas asuman tanto riesgo, y además, que no es fácil hacerlo.

El argumento a favor:

Precisamente por eso Bitcoin es tan distinto. Te da una autonomía total, algo que no hemos tenido nunca con el dinero tradicional.

Es como cuando aprendiste a conducir: al principio cuesta, da miedo, pero luego no quieres depender de nadie para moverte.

Además, hoy existen wallets que facilitan mucho las cosas. Aún así, estimo que serán muy pocas las personas que utilicen esta «teórica libertad».

¿CUALQUIERA PUEDE SABER CUÁNTOS BITCOINS TENGO?

Una de las características más curiosas de Bitcoin es que las transacciones son públicas, pero no muestran tu nombre. En vez de eso, se hacen entre lo que se llama direcciones de Bitcoin: una serie de letras y números que identifican cada «billetera» o wallet.

Estas direcciones son pseudónimas. Eso significa que no están asociadas a tu nombre de forma directa, pero sí son visibles para cualquiera.

Por ejemplo, una dirección puede ser algo como: bc1q9xw5zv…7p4jc0

Captura de la mempool de bitcoin donde se ven las transacciones en directo

Puedes entrar ahora mismo a una web como mempool.space o blockstream.info, escribir esa dirección, y ver todos los movimientos: cuándo recibió dinero, cuánto, desde qué otra dirección, y a dónde lo envió después.

Ahora bien, si en algún momento alguien consigue relacionar esa dirección contigo (por ejemplo, porque la usaste en un pago público o porque la diste en un exchange), podría rastrear toda tu actividad financiera en la red Bitcoin. Vería cuánto tienes, cuánto moviste, y cuándo.

Mi preocupación:

Esto puede ponerte en el punto de mira. Si alguien sabe que tienes una cantidad importante de bitcoin, podrías convertirte en objetivo de ataques informáticos o intentos de robo y estafa (hay muchos casos).

Además, si no declaraste bien tus movimientos, eso también podría traerte problemas legales. Para alguien que solo quiere invertir con tranquilidad, esto puede parecer un riesgo innecesario, ¿no crees?

Por que una cosa es meter 500€ para probar, pero, ¿cómo te sentirías si tuvieras una cantidad realmente importante?

La otra mirada:

También es cierto que hoy en día, casi todo lo que haces con tu banco queda registrado y muchas veces compartido con otras entidades. Esa privacidad ya está muy limitada.

Con Bitcoin, al menos tienes la posibilidad de mejorar tu privacidad, si aprendes cómo, aunque no sea sencillo. Existen técnicas y herramientas para dificultar el seguimiento.

No son fáciles de usar, y no todo el mundo los usará, pero la opción existe. Y para muchas personas en países con poca libertad financiera, eso ya es valioso.

¿CÓMO CAMBIAR BITCOINS A EUROS O DÓLARES?

Una cosa es tener bitcoins. Otra muy distinta es poder convertirlos en dinero tradicional, como euros, dólares o cualquier otra moneda nacional.

Para hacer esa conversión —de bitcoin a euros, por ejemplo—, la mayoría de las personas usan exchanges, que son plataformas online donde puedes comprar y vender criptomonedas. Algunas de las más conocidas son Binance, Bit2Me, Coinbase o Kraken.

Bit2Me

Todas estas plataformas están reguladas, es decir, tienen que cumplir con leyes de control financiero. Por eso te piden que verifiques tu identidad antes de operar. Eso se llama KYC, que viene del inglés “Know Your Customer” (conoce a tu cliente).

En la práctica, significa que tienes que enviar una foto de tu DNI o pasaporte, tu dirección, a veces incluso una prueba de ingresos.

Mi observación:

Este sistema hace que el uso completamente privado de Bitcoin sea difícil.

Si compraste tus bitcoins de forma más anónima (por ejemplo, a otra persona o a través de plataformas descentralizadas), podría llegar a ser muy complicado, sobre todo si hablamos de grandes cantidades, venderlos o convertirlos a euros sin pasar por un exchange regulado, o incluso ni pasando por ellos por que muchos no lo te lo permitiríán.

Y si lo haces, tendrás que identificarte, y te preguntarán de dónde vienen esos fondos.

Existen plataformas entre particulares que permiten comprar y vender sin intermediarios, directamente entre personas. Pero son menos conocidas, su uso requiere más conocimientos, y muchas veces generan desconfianza si no sabes con quién estás tratando.

El contraargumento:

Aun así, hay muchos países donde las personas no pueden confiar en sus bancos, donde sus monedas se devalúan constantemente y donde no tienen acceso al sistema financiero global.

En esos lugares, la posibilidad de usar Bitcoin directamente —sin pasar por bancos, sin pedir permiso a nadie— es más que una idea bonita: es una necesidad real.

Puede que hoy no sea fácil. Pero si la demanda crece, también crecerán las soluciones. Más personas aprenderán a usar alternativas. Y más proyectos trabajarán para hacer esas opciones seguras, privadas y accesibles para todos.

DEJAR MIS BITCOIN EN EXCHANGES Y BANCOS, ¿TIENE SENTIDO?

Bitcoin nació con una idea muy potente: crear un dinero que no dependiera de bancos, Gobiernos ni empresas. Un dinero para el pueblo, sin permisos ni intermediarios.

Pero lo que está ocurriendo en la práctica es otra cosa.

La mayoría de las personas no se complican: compran bitcoin en plataformas, o incluso a través de su banco o un bróker, y en lugar de guardarlos en una wallet propia, donde ellos controlen las claves, los dejan en esa misma plataforma. Como si fuera una cuenta bancaria.

¿Por qué pasa esto?

Porque usar Bitcoin de forma directa —sin ayuda de nadie— no es tan fácil. Hay que entender qué es una clave privada, elegir e instalar una wallet, aprender a usarlas, esconder las claves privadas, no olvidarse de nada…  

Y a mucha gente esto les resulta muy complicado, arriesgado o directamente innecesario.

Si puedes tenerlo todo en una app bonita y simple, ¿para qué vas a complicarte?

Mi visión crítica:

El problema es que, si casi todos/as usamos Bitcoin así —a través de entidades centralizadas—, volvemos a depender de intermediarios. Justo lo que Bitcoin quería evitar.

Y si lo tratamos solo como un producto de inversión, como quien compra acciones de una empresa, entonces Bitcoin pierde su esencia.

Ya no es un nuevo tipo de dinero libre. Es solo otro activo financiero más. Algo que sube y baja, pero que no cambia las reglas del juego.

El punto a favor:

Aun así, basta con que una parte de las personas lo use como fue pensado para que esa posibilidad exista.

Que tú puedas decidir guardar tus bitcoins tú misma o tú mismo, sin depender de nadie, ya es un cambio importante.

Y aunque much@s prefieran comodidad, saber que tienes esa opción de libertad —aunque no la uses— ya cambia el equilibrio del sistema financiero. Porque por primera vez en la historia, puedes tener dinero fuera del sistema. Y eso, aunque sea minoritario, puede marcar la diferencia.

¿Y SI LOS GOBIERNOS LIMITAN EL USO DE BITCOIN?

A medida que Bitcoin se vuelve más conocido, también atrae más atención de los Gobiernos.

Es lógico. Y eso suele venir acompañado de leyes, controles y regulaciones.

Libertad Bitcoin

En muchos países, ya no puedes comprar o vender bitcoin sin identificarte claramente:

  • tienes que dar tu nombre,
  • DNI,
  • dirección,
  • y en algunos casos incluso explicar de dónde viene el dinero que estás usando para comprar.

Todo esto forma parte de lo que se llama control contra el blanqueo de capitales.

Y si algún día decides vender tus bitcoins y convertirlos en euros o dólares, también tendrás que demostrar de dónde los sacaste y cuánto ganaste.

Si no puedes justificarlo bien, podrías acabar pagando impuestos elevados, en incluso enfrentarte a sanciones y problemas legales.

Mi inquietud:

Imagino un escenario en el que los Gobiernos endurezcan todavía más las reglas.

Por ejemplo:

  • Que solo se pueda operar a través de plataformas controladas, y siempre identificado.
  • Que esté prohibido mover grandes cantidades sin avisar.
  • O que se penalicen las compras o ventas fuera del sistema oficial.

En ese caso, Bitcoin perdería parte de la libertad que prometía. Ya no sería una herramienta soberana, sino un producto más controlado, como cualquier otro.

El punto esperanzador:

Aun así, Bitcoin está diseñado para resistir la censura. No depende de una empresa ni de un país. Funciona igual para cualquier persona del mundo con conexión a internet.

Y aunque en algunos países las leyes se endurezcan, en otros será una vía de escape. En lugares con hiperinflación, represión financiera o falta de acceso al sistema bancario, lo importante no será si Bitcoin es 100% legal, sino que funcione.

Por eso, incluso si el entorno se vuelve más restrictivo, siempre habrá contextos en los que Bitcoin brille con más fuerza. Su valor no está solo en la comodidad. Está en ser una opción cuando no hay más opciones.

¿Y SI BITCOIN DEJA DE USARSE COMO DINERO?

Una de las promesas fundacionales de Bitcoin era convertirse en un nuevo tipo de dinero. Una moneda global, sin intermediarios, que cualquiera pudiera usar para pagar cualquier cosa, en cualquier lugar del mundo.

Pero lo cierto es que, más de 15 años después de su nacimiento, el uso de Bitcoin como medio de pago sigue siendo anecdótico.

Mi duda o crítica:
En mi día a día, no conozco a nadie que pague con Bitcoin en el supermercado, en una tienda de ropa, al ir tomar un café o en el taller del coche. Ni siquiera en comercios online.

Parece ser que la mayoría de personas que tienen bitcoin lo guardan. Lo ven como una inversión, no como dinero.

Algunos datos:

  • En El Salvador, primer país en adoptar Bitcoin como moneda de curso legal, solo el 8% de las personas lo usó realmente para pagar, según encuestas recientes. Probablemente menos.
  • Un estudio de eMarketer estima que solo el 2,6% de la población global usará criptomonedas para pagar en 2026, y la mayoría lo hará con stablecoins, no con Bitcoin.
  • Según CoinGate, las stablecoins ya superan a Bitcoin en número de transacciones para pagos reales en tiendas y comercios online.
  • CryptoQuant ha revelado que el suministro de Bitcoin en los exchanges centralizados o CEX continua cayendo. Es decir, la gente e instituciones lo «sacan del sistema».

El argumento a favor:
También es cierto que el uso como medio de pago no es la única utilidad que puede tener. Hay quien dice que Bitcoin no necesita usarse como dinero para tener valor. Que basta con que sea una reserva de valor, como el oro digital.

Y puede que tengan razón. No usamos oro para pagar el pan, pero sigue valiendo mucho. Quizá Bitcoin siga ese camino. Un activo escaso, difícil de confiscar, que guarda valor… aunque no se use para pagar una pizza.

Aun así, me quedo con la duda:
¿Puede un dinero valer tanto si nadie lo usa realmente como dinero?

¿Y SI NO HAY SUFICIENTES MINEROS DE BITCOIN?

Bitcoin no está gestionado por una empresa ni por un Banco Central. No hay nadie que decida quién puede usarlo o no. Pero para que funcione, hace falta que alguien verifique las transacciones y mantenga segura la red.

Eso lo hacen los llamados mineros.

¿Qué es un minero?

No es una persona con un pico, sino un ordenador muy potente (o mejor dicho, una red de ordenadores) que compite para resolver problemas matemáticos muy complejos. Cada vez que uno de estos ordenadores resuelve uno de esos “puzzles”, valida un bloque de transacciones y recibe una recompensa en forma de bitcoins.

Esta recompensa tiene dos partes:

  1. Nuevos bitcoins que se crean con cada bloque (esto se llama “recompensa por bloque”).
  2. Comisiones que pagan los usuarios por enviar sus transacciones.

Mi duda o crítica:

Cada cuatro años, en un evento llamado “halving”, la recompensa por bloque se reduce a la mitad. Esto ya ha ocurrido varias veces. Al principio, los mineros recibían 50 bitcoins por bloque. Luego 25, luego 12,5… y ahora son 3,125.

Eso significa que, con el tiempo, los mineros van a ganar cada vez menos por su trabajo. Y si además las comisiones que pagan los usuarios no suben lo suficiente, y el uso de Bitcoin como dinero se quedan en nada, muchos mineros podrían decidir que ya no les sale a cuenta seguir gastando electricidad y comprando máquinas para minar.

¿Y si se van?

Entonces la red podría quedar con menos seguridad, menos capacidad de validación y mayor riesgo de ser atacada por quienes quieran manipularla.

El argumento optimista:

Aun así, hay razones para confiar en que esto no supondrá el fin de Bitcoin.

Primero, si el precio de Bitcoin sube, incluso una recompensa más pequeña puede seguir siendo muy rentable. Ganar 3 bitcoins puede no parecer mucho… salvo que estén valorados en 500.000 €.

Segundo, aunque haya menos mineros, pueden ser más eficientes, con tecnología mejorada. Lo importante no es cuántos mineros haya exactamente, sino que haya los suficientes como para mantener la red segura.

Y tercero, si Bitcoin se convierte en una gran reserva de valor, muchas personas, empresas e incluso instituciones tendrán interés en que funcione bien. Si tú tienes parte de tu patrimonio en Bitcoin, querrás que la red siga viva y protegida.

Eso podría generar nuevos incentivos para sostenerla, incluso cuando la recompensa en bitcoins sea muy baja.

LOS GRANDES GURÚS DE BITCOIN. ¿REALMENTE PUEDO CONFIAR?

Otra cosa que he ido sintiendo con el tiempo es que ya no me creo a ningún gurú.
Ni de Bitcoin ni de ninguna otra inversión.

Porque una cosa es compartir ideas, explicar cómo funciona algo…
Y otra muy distinta es prometer que el precio subirá, que es inevitable, que es el futuro sin discusión posible.

Mi duda:

¿No será que muchos de esos grandes defensores de Bitcoin están tan metidos en su apuesta, que ya no pueden permitirse pensar que quizá se equivocaron?

Muchos tienen una parte enorme de su patrimonio invertida en bitcoin. Y si Bitcoin perdiera su valor, no solo perderían dinero: perderían su reputación. Así que lo defienden con fuerza, a veces incluso con agresividad.

Pero ¿es convicción sincera y «objetiva» o necesidad de que funcione?

Lo que antes me parecía pasión, ahora me suena un poco a estrategia de supervivencia.

Y aquí es donde me viene a la mente quienes aseguran que el valor, en este caso de Bitcoin, no puede basarse solo en la expectativa de que subirá. Tiene que usarse realmente como dinero, como medio de pago.

Si no es así, tarde o temprano, su precio caerá. Porque no hay valor intrínseco detrás.

¿PODRÍA BITCOIN DEJAR DE FUNCIONAR SI HAY UN GRAN APAGÓN?

Otra de las dudas que más veces he escuchado cuando hablo de Bitcoin, sobre todo después de la experiencia en España, es:
“¿Y si un día hay un apagón largo? ¿O se cae internet? ¿Se pierde todo?”

Y la verdad es que es una pregunta muy razonable. Porque Bitcoin funciona 100% en internet. No hay oficinas físicas ni cajeros centrales. Todo está distribuido en miles de ordenadores conectados por todo el mundo.

Mi duda o crítica:

Imaginar un apagón total —sin electricidad, sin internet, sin móviles— da vértigo. Si todo se apaga, no puedes mover tus bitcoins, ni acceder a tu wallet, ni comprobar tu saldo. Todo se congela.

Y aunque eso también pasaría con el euro o el dólar en su versión digital (tarjetas, bancos, apps…), la diferencia es que en esos casos puedes ir a un cajero o a una sucursal. Con Bitcoin, no hay un “plan B” físico. Es solo digital.

Y si el apagón es parcial, por ejemplo, en un país concreto, podría limitar su uso allí mientras en otras regiones sigue funcionando.

El argumento a favor:

Pero también hay que ver esto en perspectiva.

Primero, Bitcoin no depende de un solo servidor ni de una sola empresa. Está en miles de ordenadores en muchos países, lo que lo hace muy resistente. Si se apaga un nodo (un ordenador que forma parte de la red), los demás siguen funcionando. Y en cuanto vuelve la conexión, todo se actualiza.

Segundo, como bien me han dicho muchas veces:
si hay un apagón global de larga duración, Bitcoin será el menor de nuestros problemas. Ni los bancos funcionarían. Ni el agua corriente. Ni los supermercados. Todo se detendría.

Y, por último, existen soluciones para enviar transacciones de Bitcoin incluso por radio, por mensajes SMS o satélite, en situaciones extremas. No es lo habitual, pero muestra que hay creatividad y voluntad para que siga funcionando.

¿DEBERÍA INVERTIR EN BITCOIN CON TODO ESTE PANORAMA?

Cuando empecé a interesarme por Bitcoin, me atrapó la narrativa de la soberanía: ser dueño de mi dinero, sin depender de bancos ni Gobiernos.

Me pareció una idea poderosa, incluso elegante. Casi como un acto de rebeldía bien pensada.

Pero de repente, en pleno proceso de inversión y aprendizaje, y con bitcoin en nuevos máximos, me han surgido todas estas dudas que me hacen replantearme si tiene sentido seguir por el camino que me había trazado.

Caída de Bitcoin

Porque una cosa es entender que Bitcoin puede tener valor. Otra muy distinta es meter ahí el dinero que me ha costado años ahorrar.

Y es aquí donde me entra la prudencia, pues ¿qué sentido tiene arriesgar tanto, por algo con tantas incertezas?

Algo que, en su origen, parecía tener una lógica clara —ser libre, ser independiente— pero que en la práctica se va difuminando.

Además, el discurso de que los Estados o las grandes empresas nos oprimen, puede sonar seductor, pero no deja de tener algo de película. Al final, esas Instituciones están llenas de personas. Como tú. Como yo. Y aunque no siempre funcionen bien, muchas veces son simplemente una respuesta a cómo es la sociedad.

Entonces, ¿para qué una moneda que quiere ir en contra de todo eso?

¿EXISTEN OTRAS INVERSIONES PARA PROTEGERME DE LA INFLACIÓN?

¿Y si encima resulta que ese dinero que he ido guardando en bitcoin durante años, un día vale la mitad o menos de lo que valía en euros?

Ahorrar 20.000 €, 30.000 €, … durante 15 o más años, y que cuando por fin los necesite su valor se haya evaporado.

Solo de imaginarlo me recorre un escalofrío, pero la posibilidad existe indudablemente.

Por eso, aunque sigo observando este mundo cripto con interés, mi estrategia está cambiando. Porque proteger lo que me ha costado tanto conseguir, ahora mismo, es más importante que apostar a una revolución que no sé si llegará.

Y, además, hay algo más importante que no quiero pasar por alto: Bitcoin no es la única opción para protegerme de la pérdida de valor del euro.

Existen otras formas de inversión —fondos de inversión de calidad, una cartera de acciones comprada con criterio, inmobiliario directo o a través de fondos inmobiliarios especializados, arte y antigüedades si es que entiendes — que permiten cuidar el valor de mis ahorros con menos incertidumbre, incluso a expensas de un «menor beneficio».

No hay necesidad de poner todos los huevos en la misma cesta.

Ni tampoco de apostar fuerte en algo que, por mucho que me guste la idea, aún no sé si va a funcionar como esperaba, por mucho que mi «codiciosa cabeza» y algunos «freaks especialmente interesados» me inciten a que sigan creyendo.

— xxx —

Espero que esta lectura te ayude a reflexionar.

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Resumen del artículo
Bitcoin: de riqueza y libertad a grandes riesgos y dudas
Título:
Bitcoin: de riqueza y libertad a grandes riesgos y dudas
Descripción:
Explico varios de los grandes riesgos de Bitcoin.
Autor:
Publicado por:
IFI – invertir en fondos
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Carlos de Juan Redactor
Trabajó en varias entidades financieras internacionales como Bloomberg y Blackrock, en distintos puestos. Actualmente se encarga de la redacción y difusión en redes sociales de los artículos de IFI
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